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Revista Perspectiva N° 23 “Del emprendedor al empresario”
El sistema capitalista emprendió el camino de su asombroso crecimiento por medio del indispensable instrumento de las empresas de gran capital, muchas de las cuales tienen vocación de convertirse en poderosos conglomerados.

Revista Perspectiva N° 23

“Del emprendedor al empresario”

Indice de la Revista

Editorial
                           
El colapso que sufrió el sistema financiero occidental en el segundo semestre del año 2008, de manera especial en Estados Unidos y en Europa, y la consiguiente crisis económica, de características casi globales, parecen haber dejado, además de los efectos negativos –en ciertos casos de dimensiones devastadoras–, ciertas lecciones útiles para lograr una orientación más adecuada que la del pasado reciente del sistema capitalista, así como de sus necesarias exigencias de un buen funcionamiento, racionalmente regulado, de una economía de mercado.
Una de estas lecciones quizás se encuentra en la actual intensidad con que se contempla el fenómeno del emprendedor –sobre todo en los países que recorren el camino hacia el desarrollo–, como un agente de gran trascendencia en el proceso de acrecentamiento de la riqueza de un país, acrecentamiento que se expresa, por regla general en la sigla del PIB, como uno de los principales indicadores del acontecer económico en el ámbito de cada nación.
Algunos observadores un tanto desprevenidos del acontecer económico pasan por alto el papel fundamental que tuvieron en la génesis del sistema capitalista y de la economía de mercado la figura del emprendedor y el fenómeno del emprendimiento, y los consideran y presentan como novedades en la actual coyuntura del desarrollo económico de las naciones. La figura del emprendedor exitoso puede ser equiparable a la del simbólico próspero buen burgués, como formadores y forjadores del comportamiento económico conocido como el de la iniciativa privada, libre y creadora.
El sistema capitalista emprendió el camino de su asombroso crecimiento por medio del indispensable instrumento de las empresas de gran capital, muchas de las cuales tienen vocación de convertirse en poderosos conglomerados. Pero por este camino el sistema se tornó en cierta manera excluyente, fruto tal vez de la inadvertencia de los más calificados y poderosos conductores. Por ejemplo, dejó por fuera de sus preocupaciones la figura del emprendedor, privándose en esta forma de uno de los principales impulsores de la movilidad social.
Dicha movilidad quedó, así, prácticamente relegada a la actividad no ya de los emprendedores sino de los innovadores. Sin embargo, el fenómeno de la innovación tiene su campo de mayor y más expedita ocurrencia en las economías desarrolladas, en las cuales normalmente existe actividad de investigación científica y tecnológica, tanto en el interior de las empresas como en las instituciones de educación superior.
El menosprecio de la figura y de la actividad del emprendedor puede explicar, en parte, el hecho paradójico que ha acontecido en muchos de los países en vías de desarrollo, en los cuales subsisten lamentables y extensas franjas de pobreza, hecho que se presenta cuando las mayores y más promisorias tasas de crecimiento económico conllevan una profundización de la pobreza.
El fenómeno de pobreza, por otra parte, no encuentra una solución extensa y sostenible en razón de una actividad asistencial del Estado, como lo demuestra una amplia experiencia de lo que ha acontecido y de lo que lamentablemente continúa ocurriendo en varios de los países de América Latina.
Para que el crecimiento económico vaya acompañado de una necesaria equidad social se requiere que los países sin menosprecio de las mejores prácticas de la economía de mercado, propicien la ocurrencia de una fluida movilidad social, como uno de los procedimientos más efectivos para obtener un buen resultado en la batalla por la supresión del fenómeno de la pobreza.
La lección, sacada de lo acontecido en la reciente crisis económica que tanto ha afectado al sistema capitalista, y que, al parecer, han aprendido quienes tienen responsabilidades de distinto nivel en el funcionamiento del sistema, la constituye la necesidad apremiante de darle el protagonismo que se merece a la actividad de los emprendedores, como los mejores instrumentos de la movilidad social.
El aprendizaje de esta lección constituye la mejor demostración de que el sistema capitalista, gracias a su espíritu liberal ajeno a dogmatismos e ideologías herméticas, sabe recuperarse de las aún inevitables crisis. En la ocurrencia de la reciente crisis del sistema capitalista, que como ya se ha dicho tuvo su momento de quiebre en la parte final del año 2008, el proceso de recuperación se inició antes de que ésta tuviese efectos mayormente fatídicos y devastadores, como los que anunciaron –o profetizaron– los adversarios del sistema capitalista. Todo parece indicar que este manejo de la crisis ha obedecido, entre otras razones, a la existencia de una evidente acumulación histórica de sabiduría en quienes tienen –desde los gobernantes de las grandes naciones hasta los modestos directivos de medianas y pequeñas empresas– la responsabilidad del funcionamiento del sistema capitalista.
Hemos dedicado el dossier de la presente edición de la revista Perspectiva a la figura del emprendedor y al fenómeno del emprendimiento, observados con especial atención en la región latinoamericana. Es ésta una contribución de sus editores y, al mismo tiempo, de sus patrocinadores y benefactores a la difusión y propagación de una lección invaluable, cuya asimilación y aprendizaje han de convertirse en preocupación permanente y primordial de los forjadores y expositores del pensamiento liberal. Es también parte de la permanente contribución que debe hacer la revista en la incesante búsqueda de una digna calidad de vida para franjas de la población cada día más exclusivas, en cada uno de los países de la región.
Bogotá, marzo de 2010
 

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