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Ensayos sobre las libertades. (Raymond Aron). Carlos Goedder
Publicado Diario 2001 28/01/07

ENSAYO SOBRE LAS LIBERTADES

(Raymond Aron)

Por: Carlos Goedder

 

“Al obedecer por oportunismo a un régimen sin legalidad, el ciudadano se degrada y se convierte en simple sujeto. O, como se dice hoy, se convierte en consumidor, preocupado por su bienestar, y no en ciudadano, preocupado y responsable de los asuntos públicos.”  Raymon Aron.

 

Alianza Editorial ha reeditado el año pasado una colección de tres ensayos realizados a partir de las conferencias impartidas por el pensador Raymond Aron (1905-1983) en la Cátedra Jefferson Lectures de la Universidad de California en 1963. Las tres charlas, que llevan por título, respectivamente, “Alexis de Tocqueville y Karl Marx”, “Libertades formales y libertades reales” y “Libertad política y sociedad técnica” son un auténtico manjar para la reflexión seria sobre el liberalismo.

 

En la ONG Cedice Libertad a la que pertenezco se ha venido defendiendo, durante más de dos décadas, que la libertad económica, la libertad civil y la libertad política constituyen el trípode fundamental sobre el cual se construye una sociedad próspera y justa.  Entender el liberalismo demanda acudir a sus fuentes documentales, además de exponer la reducción al absurdo que constituye la cotidianidad en sociedades totalitarias y sujetas al estatalismo.

 

Es por ello que, además de apoyar la valiente defensa que hace Cedice de la Libertad, ante el atropello recurrente que este principio recibe en América Latina, me enfocaré, durante buena parte de 2008, en comentar obras que constituyen el acervo del ideario liberal, haciendo una crítica razonada adicional a la publicidad.

 

Ya he abordado buena parte de Capitalismo y Libertad de Milton Friedman en entregas anteriores. La obra que ahora comento fue escrita por un pensador que, si bien domina los temas económicos, es más bien sociólogo y politólogo. Aron fue un marxista al inicio de su vida intelectual; el estalinismo y las prácticas totalitarias le disuadieron de apoyar esta corriente. Aron optó entonces por encontrar los elementos teóricos que, en el marxismo, propiciaban la supresión de la libertad individual y la degeneración tiránica a que puede conducir su aplicación. También Aron hace un esfuerzo por entender mejor los elementos de Marx que fueron subvertidos por el proselitismo.

 

Y el primer punto valioso de las conferencias de 1963 es abordar a Karl Marx  (1818-1883) como un filósofo de la libertad que se extravía en su razonamiento y obtiene conclusiones falsas. La inquietud de Marx nace al ver la miseria en que viven los obreros durante el albor capitalista. En opinión del pensador alemán, cuya obra se gestó esencialmente en Inglaterra, lo que aliena y esclaviza al proletario es la propiedad privada. El control de los medios de producción por el propietario del capital y la misma acumulación capitalista avasallan la libertad del trabajador. A esta visión, Aron opone la de su compatriota francés, Alexis de Tocqueville (1805-1859). Este pensador, huyendo de la dictadura francesa de Napoleón III, viaja a Estados Unidos de América, aún un país “en construcción” y allí observa atentamente cómo funciona un sistema social sin aristocracia. La lectura que hace sobre el futuro social este estudioso, mucho menos ambicioso, ajeno al deseo de crear un sistema filosófico, termina siendo mejor pronóstico del futuro que la interpretación marxista según la cual el capitalismo colapsaría. Aron resume así el anhelo liberal y conclusiones divergentes de Marx y Tocqueville:

“Uno y otro tenían en común la repulsión ante el oportunismo, una fidelidad total a ellos mismos y a sus ideas. Tocqueville se retiró de la política el mismo día en que Luis Napoleón violó la constitución y restableció el Imperio. Karl Marx, hasta el final de su vida, siguió siendo un rebelde, dedicado por entero a una lucha contra la sociedad cruel y por una clase obrera sobre la que recaía todo el peso de la injusticia social. Ambos creían en la libertad, ambos tenían por meta una sociedad ecuánime, pero el uno [Tocqueville] abandonaba industria y comercio a su propia suerte, ejercidos por individuos bajo control de las leyes, y temía que el individuo se viese privado al mismo tiempo de la libertad-independencia y de la libertad-participación. El otro consideraba la libertad de cada cual en la industria y el comercio la causa del avasallamiento de todos. Así pues, para el uno, la condición primordial de la libertad era un régimen representativo, y para el otro, una revolución económica”.

 

Tocqueville es, como dice Aron, un “probabilista”: “No anuncia un movimiento irresistible hacia un régimen positivista o socialista”. Marx, por contraste, considera que hay un determinismo histórico, una dialéctica fatal y el único medio es precipitar el final de la historia mediante la dictadura proletaria. Ahora bien, la promesa revolucionaria jamás describe su síntesis. Como señala agudamente Aron, “El espíritu revolucionario se nutre de la ignorancia del porvenir. Marx tuvo mucho cuidado en no describir, ni esbozar siquiera, la sociedad socialista”.  Aron interpreta el por qué de tal cuidado en describir la meta: “También por este lado presintió Marx las probabilidades de avasallamiento que encerraba el esfuerzo por vencer la dualidad, característica de la democracia liberal, entre el trabajador y el ciudadano, entre la sociedad y el Estado, entre las esfera privada y los asuntos públicos”. En suma, Marx intuye un nuevo patrono explotador y alienante: el Estado planificador y su burocracia.

 

La moraleja es clara: el pensamiento liberal suele ser humilde en su planteamiento. Simplemente invoca el sentido común y tiene más bien confianza en el equilibrio que la sociedad va construyendo espontáneamente. Quizás esta actitud aleje de sus filas a teoréticos arrogantes y políticos oportunistas. Aron resume:

“En cuanto al liberalismo, nunca ha sido una ideología cuya estructura fuese comparable a la del marxismo o a la del socialismo: como el conservadurismo, respetaba la sabiduría inconsciente de las generaciones y la obra involuntaria de millones de individuos conscientes…”

 

La opinión del autor es independiente.

www.cedice.org.ve.                                                          

carlosurgente@yahoo.es 

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