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Microseguro. Carlos Goedder
Diario 2001 04/02/08

MICROSEGURO

Por: Carlos Goedder

 

Incluso antes de que se le otorgase el Premio Nóbel de la Paz a M. Yunnus y su Banco Grameen, desde Cedice veníamos hablando del Microcrédito, modalidad de préstamos bancarios adecuada a emprendedores con ingresos y riqueza bajos.

¿Se puede adecuar otros servicios financieros al público pobre? Los seguros, incluyendo Vida,  Salud (HCM) y Protección de la propiedad – vivienda y automóvil – serían un objetivo de tal “democratización financiera”.

 

El “Microseguro” ya existe y merece difusión. Ofrece una  solución a quienes son incapaces de acceder al Seguro Social porque operan en economía informal y también es una alternativa para quienes padecen las ineficiencias existentes en los seguros públicos.

 

Para este artículo he usado dos fuentes fundamentales. El primer documento es una presentación de D. Craig Churchill en un foro realizado en mayo de 2007 en Río de Janeiro. El título de la ponencia es Qué es el Microseguro y está disponible en Internet (www.ilo.org) La otra referencia es un documento de trabajo hecho por D. Jonathan Morduch (de la Universidad de Nueva York), con el título Microinsurance: the next revolution? (Microseguro: ¿la nueva revolución?), preparado en abril de 2004.

 

Churchill define el Microseguro como “la protección de las personas de bajos ingresos contra peligros específicos a cambio de pagos especiales regulares proporcionales a la probabilidad y costo del riesgo involucrado.”.  De Murdoch se puede extraer un concepto análogo: “…Maneras de vender seguros de pequeña cuantía a clientes de bajos ingresos, de manera rentable y con amplio alcance”.

El primer punto es identificar cómo se protegen los ciudadanos pobres ante el riesgo. Y, como recoge Morduch, la alternativa más común es el “auto-seguro”, dentro del cual entran precauciones como el ahorro:

“Por mucho tiempo los economistas han argumentado que los hogares más pobres simplemente están demasiado próximos a la subsistencia como para ahorrar. Esta idea es cierta en principio, pero en la práctica incluso los hogares por debajo de la línea de pobreza están dispuestos a guardar algo para más tarde –si se les da un medio atractivo para hacerlo(…) El micro-ahorro puede ser parte clave de la mejor estrategia de aseguramiento de un hogar.”

 

Otras alternativas de protección incluyen seguros ofrecidos por el Gobierno y también redes de ayuda informales, surgidas dentro de la familia y la comunidad.

Para ser atractivo, el Microseguro habría de diseñarse como un producto capaz de ofrecer una solución más eficiente y equitativa que estas alternativas. El diseño del producto es la prioridad para Murdoch. Esto incluye la elección de los riesgos a asegurar, la configuración de las pólizas, el precio, los mecanismos para pago de la prima y los canales de distribución más adecuados para atender a los pobres

 

El pobre “asegurable” usualmente se caracteriza por trabajar en la economía informal, tener ingresos y entradas de efectivo irregulares en el tiempo, desconocer los seguros convencionales e incluso desconfiar de las aseguradoras. Entre los seguros que más demandan los pobres están los que protegen contra el clima adverso. En el medio rural, una mala cosecha puede convertir al pobre en miserable.

 

En general, el mercado de seguros presenta un par de imperfecciones que complican la oferta. Son problemas de información incompleta, los cuales encarecen el seguro y limita su producción. Un primer inconveniente se llama “riesgo moral” y es la menor motivación del asegurado, una vez que adquiere la protección, para prevenir los riesgos y ser prudente, elevando así la probabilidad de ocurrencia de algún siniestro. El otro problema es la “selección adversa”: consiste en la asimetría de información, tal que la aseguradora desconoce los hábitos y perfil del potencial consumidor; esto puede resultar en que se ofrezca el seguro justamente a quienes tienen mayor probabilidad de cobrar la indemnización. El problema de “selección adversa” puede conducir a que se cargue un precio más elevado al seguro, lo cual disuade aún más de comprar protección a quienes son menos propensos a siniestralidad.

 

Para corregir estas imperfecciones hay varios mecanismos. Uno son los deducibles o franquicia: el asegurado sólo recibe la compensación del seguro a partir de cierto monto de pérdida. El contrato de seguro también es elaborado de tal manera que el cliente se compromete a suministrar información verdadera. La solución ideal es contar con bases de datos suficientemente completas para elaborar el perfil de riesgo correspondiente a cada cliente y aplicarle un precio personalizado, consistente con el riesgo individual.

 

En el caso de los pobres, el problema es precisamente la ausencia de estos datos y de un histórico de estadísticas suficientemente completo como para diseñar un seguro capaz de atenderles y al mismo tiempo ser actuarialmente y financieramente eficiente. 

 

Una primera opción para dar cobertura a los pobres es trabajar con productos donde son bajos el riesgo moral o la selección adversa. El primer problema está prácticamente ausente en el caso del seguro de vida –usualmente nadie pone su vida en peligro al saberse asegurado-. Otro caso simple es el de los agricultores, a quienes se puede ofrecer seguros donde el siniestro corresponde a inconvenientes climáticos –sequía, por ejemplo-, dado que sobre el tiempo ningún humano tiene control. Ya existe, en el mercado financiero de derivados, productos que cubren contra imprevistos climáticos (weather derivatives). El tema es definir con precisión mensurable los eventos asegurados.

 

Los microseguros se diseñan con primas bajas y flexibilidad en el pago, definiendo de manera lo más simple y general posible contra qué evento se está protegiendo al asegurado. La modalidad más popular es la llamada “credit-life insurance”: los pobres que solicitan un microcrédito pagan un extra de cuota y compran un seguro de vida o accidentes, para cubrirse del riesgo de dejar a sus herederos endeudados y también de verse imposibilitado de pagar en caso de fallecimiento, enfermedad o desempleo.

 

La opinión del autor es independiente.

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