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Cedice Escribe
más de ensayo sobre las libertades de Raymond Aron. Carlos Goedder
Publicado Diario 2001 11/02/08
MÁS DE ENSAYO SOBRE LAS LIBERTADES
de RAYMOND ARON
Por: Carlos Goedder
Al profesor de filosofía D. Massimo Desiato.
“…La ineficiencia y la escasez del sistema socialista no fue, ni es aún ahora – el caso de Cuba es ejemplar- resultado único de la ‘desviación’ estalinista, del ‘cerco capitalista’ o de la ‘mala aplicación’ del socialismo, sino del choque abierto entre los valores socialistas y la eficiencia económica. (…) Al eliminar la propiedad privada, el Estado no desaparece, como suponía Marx sino que se convierte en una inmensa hidra burocrática que absorbe a todo el aparato económico y acaba por matar el espíritu empresarial y la capacidad de innovación tecnológica”. Isabel Turrent. Prólogo en De Marx al Libre Mercado (Janos Kornai, 1992).
La compilación de tres ensayos del pensador francés Raymond Aron, realizada el año pasado por Alianza Editorial bajo el título Ensayo sobre las Libertades, ofrece una reflexión sobre los errores marxistas, los enfoques incompletos sobre la libertad y la libertad política.
Estos trabajos de Arond provienen de conferencias impartidas en la Universidad de California en 1963. Es preciso recordar que aún entonces estaba vigente el enfrentamiento de la Guerra Fría. Apenas un poco antes se había producido la crisis de los misiles cubanos. Así que los ensayos de Arond distan de ser los producidos por los “paladines de las causas ganadas” que han aparecido tras caer el Muro de Berlín.
En la entrega del 28 de enero –la del lunes de carnaval fue sobre “Microseguro”- la dediqué a la primera conferencia de Arond, donde contrasta a Marx y a Tocqueville. Ahora abordo el concepto de libertad en el conjunto de las tres disquisiciones.
El propio autor señala, “…Hemos presupuesto que existían ‘libertades’ y no ‘una’ libertad por excelencia, o, mejor aún, que en cada sociedad los hombres eran libres de hacer ciertas cosas, pero no otras”. Y agrega: “Los regímenes que hemos llamado democrático-liberales son aquellos que se definen por la aceptación de esa dialéctica, es decir, por el reconocimiento de que no hay una fórmula, una sola, de libertad por excelencia”. Refuerza en otra sección de la “Conclusión”: “En este tipo de análisis se hace evidente que no hay una totalidad que pueda ser llamada ‘la’ libertad de los individuos o ‘la’ libertad de los pueblos. Toda ley retira ciertas libertades a unos, pero al mismo tiempo confiere algunas libertades a otros o a todos”.
Cuando se propone aterrizar el concepto, Arond cita inicialmente a otro autor, Félix E. Oppenheim, en una definición tan amplia como esta: “Soy libre de hacer una cosa determinada a condición de que nadie me impida hacerla o me castigue por haberla hecho o me imponga la necesidad o la obligación de hacerla”. Algo más palpable podría ser la definición que recoge Arond de Tocqueville [en la obra de este último, El Estado social y político de Francia (1836)] y la digresión que hace sobre ella:
“Según la noción moderna, la noción democrática y, si puede decirse, la noción justa de libertad, cada hombre que haya recibido de la naturaleza las luces necesarias para conducirse, adquiere al hacer un derecho igual e imprescriptible a vivir independiente de sus semejantes, en todo aquello que le concierne sólo a sí mismo, y a organizar a su parecer su propio destino.
Definida así, la libertad es al mismo tiempo, negativa e indeterminada. Negativa, porque su expresión es la independencia, la propia elección del propio destino. Indeterminada, en el sentido de que falta saber hasta dónde llega lo que a cada cual ‘sólo le concierne a sí mismo’. Esta libertad, en relación con los otros – o en inglés, esa freedom from – tiene también, de acuerdo con otros textos, un contenido positivo: es la ‘libertad para’ o freedom to. La libertad-independencia, la que Montesquieu hubiese llamado seguridad o ausencia de lo arbitrario, sólo se cumple realmente dentro de la libertad propiamente política, es decir, la participación del ciudadano en la administración de los asuntos locales y en la gestión de lo político. Sin embargo, la libertad política, aquella que el despotismo, incluso invocando la democracia elimina, constituye a los ojos de Tocqueville el valor supremo”.
Arond también tiende a concentrar su reflexión respecto a la libertad política. En el ensayo “Libertad política y sociedad técnica”, elabora más sobre libertad política y la define en este párrafo: “En este aspecto, el Congreso estadounidense demuestra diariamente la posibilidad, incluso en una sociedad altamente tecnificada, de salvaguardar la libertad política si se acepta definir ésta como la influencia que ejercen la opinión ilustrada y el control parlamentario sobre los gobernantes y la Administración”.
En suma, Arond considera que “la libertad social, a nivel microscópico implica pues, al mismo tiempo, libertad from y libertad to”. La primera es la llamada libertad “negativa”, siendo este adjetivo referente a que niega el imperio de otros poderes sobre el individuo libre, siendo la Ley el vehículo que establece la frontera de soberanía personal. Y la “libertad para” viene a ser la “libertad positiva”, porque considera también los fines hacia los cuales el ciudadano libre ha de orientar esta libertad. A estas dimensiones Arond añade otra proveniente de los textos independentistas estadounidenses, la “freedom from want” y “freedom from fear”, esto es, la libertad tanto de las necesidades como del miedo, reconociéndose como fuerzas opresoras a la carestía, el miedo, el hambre y la guerra.
Ahora bien, Arond distingue entre la libertad y la capacidad. Quien es libre podría estar realmente incapacitado, precisamente por necesidades y temores, de vivir plenamente esta libertad. Ninguna ley impide al ser humano educarse en una sociedad libre, sólo que en la práctica esta libertad puede ser incapaz de realizarse si se carece de medios económicos. La distinción es sutil, mas debe tenerse en cuenta. Es análoga al contraste que hace Marx entre las “libertades formales”, escritas en el papel, y las “libertades reales” que el ciudadano experimenta cotidianamente en la práctica.
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