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Cedice Escribe
José Rafael Revenga. Parte 2. Carlos Goedder
Diario 2001 03/03/08
JOSÉ RAFAEL REVENGA
Parte 2
Por: Carlos Goedder
Dedicado a D. Vladimir R. Perdomo Castillo, cuyo don de gentes es característico de la ínclita dinastía venezolana de los Carreño.
D. José Rafael Revenga (1786-1852) destaca como uno de los principales colaboradores civiles de El Libertador. Mediante la vida de este filósofo, a quien el servicio público convirtió en diplomático y responsable de finanzas nacionales, se captan los problemas del génesis republicano venezolano en cuanto a relaciones internacionales y finanzas públicas.
El primer inconveniente como Ministro de Hacienda fue confrontar la deuda externa venezolana, tema que contemplé en la entrega anterior. Comenté que, solamente la porción venezolana en la deuda de la Gran Colombia, equivalía a cuatro años de exportaciones. Estas exportaciones venezolanas, en casi 70%, se concentraron en café y cacao. La vocación de exportar materias primas y depender fiscalmente de ellas nace con la propia República de Venezuela.
Mientras aún la nación venezolana era parte de la Gran Colombia, el Ministro Revenga (designado en la Cartera de Hacienda el 27 de noviembre de 1828) intenta una solución para repagar la deuda pública. Consistía en promover el cultivo de tabaco con fondos públicos y emplear los ingresos por exportaciones para servir la deuda. El “Plan Revenga” lo resume D. Manuel Pérez Vila en su biografía del prócer (Editada en 1974 por el Ministerio de Educación, en la colección Biografías Escolares, que afortunadamente mi madre Tania adquirió y que ha quedado sin reeditar):
“Las circunstancias no pueden ser más críticas. Colombia se halla al borde de la bancarrota. El comercio casi paralizado, la agricultura en abandono, y las rentas públicas improductivas. El crédito nacional no existe: hace tres años que el Gobierno no paga los intereses del empréstito a los acreedores ingleses. Pero el nuevo ministro tiene un plan para ampliar las plantaciones de tabaco de La Grita, Barinas y Guanare, y exportar anualmente 60.000 quintales [1 quintal = 46 kg.] de la hoja aromática, que pueden venderse en Inglaterra, en Holanda, en Francia, en Alemania, hasta en Turquía. Con el producto del tabaco se pagará a los acreedores extranjeros, y la confianza renacerá.”.
Además de nacer con deudas, Venezuela también exhibió desde sus inicios la mezquindad partidista, dispuesta a obtener victorias políticas para el gobernante de turno aunque resulten pírricas para el bienestar público. El Jefe de Departamento de Venezuela, D. José Antonio Páez, está por aquellos años gestando la secesión venezolana de Gran Colombia. Para alborotar las ansias separatistas, Páez apostó por mantener la inestabilidad en las finanzas públicas, achacando la culpa a Colombia y a El Libertador Simón Bolívar. En diciembre de 1829, a un mes escaso de separarse Venezuela de Colombia (13 de enero de 1830), Páez concluye su torpedeo al plan Revenga, iniciado desde la primera cosecha de tabaco obtenida en agosto de 1829; la estocada final dada por Páez fue cancelar la exportación de esta materia prima, ordenando su remate en el propio mercado venezolano. Según señala Carlos Hernández Delfino, en su estudio biográfico de Revenga (publicado en la afortunada colección “Biblioteca Biográfica Venezolana” en 2006), “…El tabaco fue rematado a menos de la mitad de lo que ya había pactado Revenga con los agentes extranjeros; además, hubo de pagarse el flete y otros gastos contratados de cuatro buques que nada se llevaron, y por si fuese poco el descalabro, a los cosecheros se les quedó debiendo cerca de 70.000 pesos.”
Como epílogo, Páez ordenó la salida de Revenga del país el 23 de febrero de 1830. En un ejemplo de la política usualmente conciliadora del caudillo, este revocó la orden el 20 de julio de 1830. Sin conocer esta resolución, valientemente, Revenga volvió por cuenta propia a Venezuela el 7 de agosto, dispuesto a responder ante los tribunales por la falsa acusación de estar conspirando contra el gobierno.
Es precisamente esta probidad administrativa lo que destaca de Revenga. Su respeto a las finanzas públicas contrastó con la prevaricación y asalto al erario de que hicieron gala otros políticos y caudillos en gestiones referentes a endeudamiento fiscal y negociaciones internacionales. Ciertamente Revenga compartió con muchos funcionarios la inexperiencia en asuntos públicos, infeliz denominador común entre aquellos fundadores de república, a quienes el régimen colonial había excluido en las labores gubernamentales y legislativas. Todas las gestiones financieras y diplomáticas de Revenga quedaron sin llegar a buen término: fue infructuosa su gestión para obtener el reconocimiento estadounidense e inglés de la Independencia Colombiana; España se negó a aceptar diplomáticamente la emancipación; el empréstito inglés fue suscrito en condiciones onerosas por otros negociadores colombianos; el proyecto de repagar deuda con tabaco se fue al garete y el decreto del Banco Nacional de Venezuela, del cual se encargó en 1847, fue derogado al poco tiempo. Ahora bien, si compartió el fracaso de otros funcionarios, Revenga jamás incurrió en el peculado, negligencia y dolo del grueso de sus colegas; estos vicios, unidos a la inexperiencia administrativa, condenaron desde el principio el sector público grancolombiano.
Puede considerarse con justicia a Revenga como precursor de todos estos proyectos administrativos y diplomáticos, los cuales fueron concluidos por otros que aprovecharon el camino que él había allanado. Además, ningún perfil biográfico de Revenga quedaría completo si se desconsiderase su impulso pionero en la educación pública, costeando muchas veces de su propio sueldo la adquisición de volúmenes y materiales para las escuelas venezolanas.
De refilón, la vida de Revenga coloca en el foro del siglo XXI un episodio de la historia venezolana que considero superficialmente analizado: el primer experimento de liberalismo económico, desarrollado entre 1830 y 1849… Este será tema de la próxima entrega, considerando, entre otras fuentes, a D. Fermín Toro.
La opinión del autor es independiente.
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