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Qué salió mal a en los albores liberales venezolanos: Fermín Toro y la Ley del 10 de Abril de 1834. Parte 3
Diario 2001, 31/03/08

Qué salió mal a en los albores liberales venezolanos:

Fermín Toro y la Ley del 10 de Abril de 1834

(Parte 3)

Por: Carlos Goedder

  Dedicado a los estudiantes y egresados del Liceo Fermín Toro

 

La Ley del 10 de Abril de 1834 estipulaba la libertad de contratación entre acreedores y prestatarios en Venezuela. En abril de 1848 se alteró esta ley para colocar un techo a las tasas de interés y el 10 de abril de 1849 se produjo otra alteración significativa, mediante la Ley de Espera y Quita, la cual otorgó al deudor plazo entre 6 y 9 años de moratoria- impidiendo el embargo y subasta de bienes dados como garantía durante tal lapso-.

En suma, el 10 de abril marca el inicio tanto del liberalismo económico en Venezuela como del intervencionismo estatal que le reemplaza. ¿Por qué la Ley del 10 de Abril de 1834 tuvo una vida de sólo quince años? ¿Fue realmente “el fracaso económico del liberalismo”, como lo llama Da. María Gabriela Troconis? ¿Podía haberse mantenido una política amigable con el mercado en la Venezuela Republicana? ¿Qué elementos lo impidieron en el Siglo XIX y persisten hoy día?

Será de gran ayuda el ensayo Reflexiones sobre la Ley del 10 de abril de 1834, escrito por D. Fermín Toro y publicado en 1845. Cuento con una magnífica edición, hecha por la Presidencia de la República de Venezuela en 1960. El título de esta compilación de ensayos es La Doctrina Conservadora. Fermín Toro.

Conviene un breve perfil biográfico del caraqueño Toro (1806-1865). El Diccionario de Historia de Venezuela publicado por Fundación Polar (2º ed., 1997), presenta a D. Fermín Toro como “Político, diplomático, literato y educador”. Su formación fue autodidacta, dado que le tocó vivir la juventud en medio de la guerra independentista, lo cual impidió un plan de estudios normal.

En sus funciones parlamentarias, Toro pronunció un valiente discurso en 1832, pidiendo el traslado a Venezuela de las cenizas del proscrito Libertador Simón Bolívar, solicitud que se atendería una década después. En su carácter de Presidente de la Cámara de Representantes (equivalente a la posterior Cámara de Diputados), D. Fermín Toro firmó la Ley del 10 de abril de 1834, objeto de su posterior crítica

Conviene destacar como hito biográfico de Toro que fue el autor de la que se considera primera novela en la historia literaria venezolana, Los mártires. Las abundantes funciones políticas del autor consiguieron equilibrarse con el trabajo docente y periodístico, incluyendo incluso investigaciones sobre botánica. Su rectitud política quedó de manifiesto cuando resistió con dignidad el asalto al Congreso de 1848, en el cual partidarios armados del Presidente Monagas profanaron el recinto legislativo para evitar el enjuiciamiento de su líder. En 1876, los restos de Toro fueron trasladados al Panteón Nacional.

Siguiendo el razonamiento de Don Fermín Toro, la Ley del 10 de abril de 1834 nace con fallas morales y allí subyace su principal defecto. Sería socialmente repudiable que la libertad de contratos únicamente se sostenga por el criterio de que las decisiones contractuales son voluntarias y es innecesaria o inconveniente cualquier intervención en ellas; la usura estaría siendo legitimada al descuidar los principios de equidad en la contratación. Para Toro existe una “tasa natural en la renta de los capitales, pasada la cual el interés exigido en los préstamos es usurario y ruinoso”. Dejar que las tasas de interés oscilen según la oferta y demanda de dinero apartaría de ese equilibrio; en tal sentido, Toro se opone a Bentham y Say, por mencionar dos importantes economistas que le eran contemporáneos:

“(…) El dinero es una mercancía como cualquiera otra; las cosas valen lo que se da por ellas. Por lo menos es preciso confesar que esta ciencia es muy cómoda y fácil, y se da mucho la mano con la teoría moral que explica toda acción humana por el principio de utilidad. Después de este descubrimiento nadie ha debido atormentarse proponiendo problemas morales ni estudiando las propensiones del corazón humano”.

Resumiendo el eje argumental de Toro: la Ley del 10 de abril deja subir el precio del dinero excesivamente. Esto es usura y es repudiable. El contrato está viciado porque el deudor y el acreedor están en condiciones desiguales. El contrato “supone necesariamente dos cosas: libertad en los contratantes y moralidad en lo pactado. La falta de una de estas condiciones hace de derecho nulo el pacto”. Al aceptar un crédito muy costoso, el prestatario “ha obrado como un ciego o un idiota que ignorase que en Venezuela ni en ningún país del mundo, ningún capital crece en proporción geométrica ni ninguna industria humana se triplica o cuadruplica en el transcurso de tres o cuatro años”– Toro coloca dos ejemplos fundamentados en expedientes del Tribunal Mercantil, uno con interés MENSUAL del 3% y otro con interés MENSUAL del 5%.-. Al existir una “coacción interna” – ignorancia, prodigalidad, desesperación- o “coacción externa” –hambre, necesidad urgente- el contrato, aunque sea voluntario, carece de moralidad. Luego, tal ley injusta sólo puede sustentarse en una teoría moral donde sólo cuenten los fines y no los medios; esta filosofía sería el utilitarismo, donde el propio bienestar es la única guía del ser humano y “no hay más que error de cálculo entre el vicio y la virtud”. Sin rescatar consideraciones morales y en especial “la ley inexorable del deber”, una libertad sustentada en el utilitarismo es  incompleta.

Esta argumentación es tentadora, si bien pierde de vista que el precio elevado del dinero podía responder a otras causas, ajenas a la simple avaricia. Y entre ellas destacan: que los capitales financieros eran en buena medida foráneos; que los deudores muchas veces eran acaudalados terratenientes; que había buena dosis de inestabilidad política; que la economía se sustentaba en la producción de café y cacao fundamentalmente y que otros mercados, como el laboral, carecían de legislación liberal.

Las próximas entregas elaborarán más estos temas. Para evitar la saturación, la semana siguiente haré un intermedio en la serie -un “divertimento”-.

  

La opinión del autor es independiente.

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