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Sexo y felicidad. Rafael Arráiz Lucca
El Nacional 06/04/08
EL NACIONAL - Domingo 06 de Abril de 2008 Nación/13
Nación
Sexo y felicidad
RAFAEL ARRÁIZ LUCCA
rafaelarraiz@hotmail.com
A firmaba Gustave Flaubert que "las historias hay que buscarlas en las cárceles y en los hospitales", pero el más reciente libro del psiquiatra Rómulo Aponte (Todo por un orgasmo, editorial Aguilar, Caracas, 2008) indica que también están en los consultorios de los sexólogos. Al leer de un solo envión, durante horas halado por el imán de sus páginas, los 17 relatos que Aponte extrae de su larga experiencia profesional, en la que ha tratado alrededor de 10.000 pacientes, tuve la impresión de haber trasegado un conjunto de historias fantásticas. Pero no, lo insólito de estos relatos estriba en que no hacen ninguna concesión a la fantasía, y siendo del más puro realismo clínico, confirman lo que muchas veces se ha dicho pero algunos no creen: la realidad supera a los frutos de la imaginación. Dicho de otro modo: la realidad es tan fantástica que es difícil creer que sea cierta.
El lector irá tras la historia de un bisexual que se casa con la hija de su primer amante, después de que éste se suicida por su abandono; el cuento de una señora de escapulario en el pecho que viaja a Roma a encontrarse con su confesor espiritual, un sacerdote, y el marido la sigue en secreto, hasta que los pilla en plena faena, escondido debajo de la cama.
Puede seguirse el relato de un eyaculador precoz, que se vaciaba al no más darle la mano a una mujer en una reunión de trabajo o, también, el de un hombre del que una mujer ardiente se enamora, precisamente por su desinterés sexual. El curioso podrá encararse con la tragedia de un joven virgen a los 35 años, a quien una terapista sexual inicia en las glorias del sexo, como quien le enseña a un niño a lavarse los dientes, y logra sacarlo de su capitis diminutio.
En fin, cada relato es un asombro distinto. Sólo falta el incesto, que debe ser más frecuente de lo que se sospecha, pero que quizás Aponte no quiso relatar por no ir más allá de los límites que impone un libro de divulgación masiva como éste.
Los relatos están salpicados de frases que comparto plenamente. Cito algunas: “Las madres rígidas y autoritarias con sus hijos por lo general crían hombres sumisos y pobres en sus vínculos amorosos y sexuales”. “Las niñas abandonadas tienen necesidades de afecto enfermizas y desestabilizan fatalmente sus relaciones de pareja”. Y, finalmente, el corolario de este libro excepcional:
“La vida vale mucho más cuando involucra un sexo sano y alegre, que nos llena de energía y de goce. Esa es una de las mejores manifestaciones de la solidaridad, la lealtad y el amor”.
Las desviaciones sexuales registradas son fuente de tanto sufrimiento para quienes las padecen, que estremece pensar que muchas de ellas tienen origen en la ignorancia, en la satanización de la vida sexual como si ella no fuese fuente de plenitud, sino expresión pecaminosa y castrante. El norte de Aponte como sexólogo se encuentra en la desaparición del dolor del paciente y el surgimiento del goce, de la felicidad a través del puente más extraordinario que la naturaleza nos dio para el encuentro de nuestras almas: el vínculo sexual, siempre asociado con la alegría de vivir.
Ojalá y un libro de divulgación como éste conduzca a quienes sufren a buscar ayuda con especialistas. Lo más entusiasmante de su lectura proviene de demostrar que muchas de las dificultades se superan con relativa facilidad, siempre que el diagnóstico sea el adecuado y el tratamiento el indicado.
Queda claro, además, que la plenitud sexual es fruto del conocimiento y la responsabilidad; y que es preciso darle al sexo la importancia que tiene: ni un epicentro como para hacer de él un tabú, ni algo sin valor como para seguir de largo, silbando.
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