|
Cedice Escribe
La Malaria O Paludismo: Amenaza contra la Sociedad Libre. Carlos Goedder
Diario 2001 30/06/08
LA MALARIA O PALUDISMO: AMENAZA CONTRA LA SOCIEDAD LIBRE
Carlos Goedder
Cedice Libertad
www.cedice.org.ve
www.carlosgoedder.com
A la Magíster Rocío Guijarro Saucedo
La salud abre oportunidades para la vida libre. El cuerpo individual sometido a la enfermedad y la sociedad abatida por epidemias interrumpen el tránsito hacia su realización. Suprimir cualquier dolencia significa ganar grados de libertad social. En este sentido, todo individuo libre, toda sociedad libre, han de ser, en alguna medida, médicos de sí mismos. Vencer las deficiencias sanitarias viene a ser un mandato para la voluntad liberal.
Por todo esto resulta urgente hablar de la malaria o paludismo. Esta dolencia está consumiendo vidas a un ritmo alarmante. Y es sintomático de una enfermedad aún mayor: la falta de iniciativas individuales, comunitarias y estatales más decididas.
El paludismo arranca por año 2 millones de vidas humanas, la mitad de ellas directamente y el resto por efectos secundarios o colaterales. Esto equivale al 2% de los decesos humanos en lapso de 12 meses. Anualmente la enfermedad infecta a 500 millones de personas y está entre las causantes principales de muertes infantiles, especialmente en África, donde fallecen diariamente 3 mil niños a causa de la malaria.
En África, la pandemia palúdica costaría anualmente 12.000 millones de dólares estadounidenses tanto en servicios sanitarios como en productividad perdida. Ni hablar del valor inmensurable de las vidas humanas que esta enfermedad arrastra consigo y las pérdidas emocionales asociadas.
Lo más cruel del paludismo es que está esencialmente erradicado en sociedades más prósperas. Se trata de una enfermedad regresiva, sesgada hacia sociedades más pobres y grupos más vulnerables, especialmente mujeres embarazadas, niños con edad inferior a 5 años además de pacientes con VIH/SIDA. En África Subsahariana, donde ocurre el 80% de los casos mundiales de paludismo, esta pandemia es la primera responsable por fallecimientos infantiles.
El problema con la malaria, usando términos médicos, es que sus “vectores son demasiado eficientes”. El vector o transmisor es el mosquito ‘Anopheles’. Tan poco la hembra de esta especie pica a un humano ya contaminado de malaria, transmite el virus responsable por la malaria al hacer la siguiente picadura. Considérese la velocidad con que se reproduce el mosquito: la hembra ‘Anopheles’ pone entre 30 y 300 huevos cada 3 días y estos embriones se convierten en adultos en un lapso medio de 10 días. El parásito que causa la malaria es el plasmodio, el cual se reproduce en el interior del mosquito. Hay cuatro presentaciones de plasmodio: Plasmodium vivax, P. falciparum, P. ovale y P. malariae; los dos primeros son los más comunes en el paludismo.
El nombre dado desde la antigüedad a la enfermedad refleja su asociación con ambientes donde proliferan mosquitos; paludismo viene del latín palus o paludis, el cual significa “pantano”; los miasmas de Roma siguieron causando estragos en la Edad Media y del italiano proviene “mal aria” o “mal aire”.
Los síntomas de la malaria son fiebre, dolor de cabeza, escalofríos y vómitos, lamentablemente comunes con otras dolencias, lo cual complica el diagnóstico y respuesta rápida. En países donde el paludismo campea a sus anchas, se estima que al menos la mitad de las hospitalizaciones y consultas corresponden al paludismo; las familias pobres consumirían hasta la cuarta parte de su ingreso anual en prevención, tratamiento y consecuencias asociadas a la malaria.
Hay esperanzas de desarrollar una vacuna, fundamentada en la molécula RTSS. El médico catalán Pedro Alonso participa en el liderazgo del proyecto y la inoculación experimental. En su opinión ya habría una primera generación de vacunas, cuya inmunización alcanza a niños entre 1 y 4 años con éxito del 65%. Hacia 2010 ó 2011 se habría autorizado el empleo de esta primera versión.
Entretanto, hay esfuerzos del Banco Mundial a través del “Global Strategy and Booster Program”, junto a la organización público-privada “Roll back malaria” (Hacer retroceder a la malaria) para lograr prevenir la malaria.
La principal tecnología actual de prevención es sencilla y barata. Se trata de mosquiteros impregnados con insecticida de larga duración. Estos pabellones o colgaduras para las camas cuestan menos de 5 dólares, tienen vida útil media de 5 años y reducen la mortalidad por malaria en 20%. En inglés, a estos mosquiteros se les denomina con el acrónimo LLIN, equivalente a “Long-Lasting Insecticidal Net”, algo así como “Malla con insecticida de larga duración”. Lo interesante de esta sencilla herramienta, también llamada “bed net” es que tiene un efecto de propagación positivo: con que se usen en una casa, ya se logra eliminar a mosquitos que transmitirían el plasmodio a hogares adyacentes. De más está decir que la probabilidad de inmunidad es mayor para el recinto donde está el mosquitero, lo cual habría de disuadir a los “aprovechadores” que deseen protegerse de la enfermedad a expensas de la prevención ajena.
Un gran problema con la malaria es que cualquier presupuesto para combatirla tiene que sostenerse en el tiempo. Las primeras inversiones dan resultados extraordinarios, mas es preciso mantenerlas recurrentemente para que erradiquen la enfermedad definitivamente. Un ejemplo de recaída en la pandemia, donde se olvidó este precepto, es Sri Lanka. McKinsey estima que en torno a 2 mil millones de USD anuales han de mantenerse en el tiempo como presupuesto para combatir la malaria en las naciones africanas más afectadas.
Opinión Independiente
Regresar |