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Goerge Stigler Parte I. Carlos Goedder
Diario 2001, 07/07/08
GEORGE STIGLER (parte 1)
Carlos Goedder
Cedice Libertad
www.cedice.org.ve
www.carlosgoedder.com
Con reconocimiento al prof. Manuel Jacobo Cartea
El trabajo del economista estadounidense George Joseph Stigler (1911-1991), premio Nobel de Economía de 1982, habría de tener una mayor difusión entre quienes publicitamos la causa liberal.
En alguna medida, la propia humildad de Stigler y su trabajo más discreto le restaron la atención mediática que sí recibieron otros colegas. Francisco Cabrillo menciona una anécdota graciosa al respecto; un periodista sarcástico que entrevistaba a Stigler le refirió como otro brillante economista, Harry G. Johnson (1923-1977), habría escrito más artículos que Stigler. Ciertamente, el canadiense Johnson publicó cerca de 546 artículos y 31 libros durante 30 años de vida académica, todo un récord. Según señala Cabrillo: “A Stigler no debió gustarle demasiado la observación [del periodista] y, con la ironía que le era habitual, le respondió: ‘Es verdad. Pero es que mis artículos son todos diferentes’”.
En efecto, Stigler abordó temas tan disímiles como historia económica, organización industrial, reglamentación en los mercados, formación de precios y en todos dejó contribuciones seminales.
En esta entrega, haré una reseña de los principales hitos en la trayectoria académica de Stigler. El próximo artículo lo dedicaré a un trabajo clásico del autor, “La Teoría de la Regulación Económica” (1971).
Desde 1958, Stigler se vinculó de manera permanente al cuerpo docente en la Universidad de Chicago. Esta institución es reconocida como un bastión de la innovación en teoría económica y se corresponde con su primacía en los premios Nobel correspondientes a esta especialidad. Si bien se había doctorado en Chicago en 1936, Stigler había cursado estudios universitarios en la Universidad de Washington y su maestría en la Universidad de Northwestern.
El premio Nobel otorgado en 1982 fue el reconocimiento a una primera fortaleza de Stigler: tomarse el trabajo de conciliar hechos y teoría. Su afán por medir y observar convivía con su rigurosidad teórica. En el discurso en el cual se le confirió el Nobel, el profesor Lars Werin, miembro del jurado, señaló: “Es por su contribución a reintegrar la teoría fundamental con los procesos actuales de mercado y por haber clarificado el papel que cumple la legislación económica, que George Stigler ha sido premiado con el Nobel en Ciencias Económicas de este año”.
Milton Friedman, en el obituario dedicado a su amigo Stigler, destaca como “Stigler estaba impactado por la ausencia de estudios cuantitativos sobre los efectos actuales de la reglamentación económica”. Muchas intervenciones gubernamentales se fundamentaban en el supuesto interés público o bien se consideraba que era imposible abordarlas desde una óptica desapasionada. En este sentido, Stigler aportó una aproximación a las políticas gubernamentales con las herramientas del economista. Siguiendo a Friedman:
“El análisis de Stigler alentó el campo naciente de lo que se ha dado por llamar ‘economía de la elección pública’: el cambio desde una perspectiva según la cual era imposible ver el mercado político como algo susceptible al análisis económico, donde políticos y burócratas desinteresados perseguían el ‘interés público’, reemplazándolo con un enfoque donde se considera que los participantes de la política, a la manera del mercado económico, están buscando alcanzar su propio interés, lo cual les torna susceptibles de análisis con las herramientas usuales de la economía”.
A pesar de esta contribución, Stigler consideraba que su principal aporte teórico había sido la “Economía de la Información”, título de un artículo suyo publicado en 1961. El ya citado Werin comenta esta línea de trabajo:
“Stigler mostró como los gastos de buscar y diseminar información sobre precios, calidad de bienes y oportunidades de compra implicaban que los compradores normalmente ni pueden ni quieren estar completamente informados. Esta falta de información resulta en rigidez de precio, diferencia de calidad, tiempo de espera y fenómenos similares que, evidentemente, son características normales e inevitables en el desempeño del mercado en lugar de tratarse de deficiencias funcionales e irracionalidad que demandan una intervención especial”.
La economía de la información enlazaba con la línea de trabajo de Stigler al momento de recibir el Nobel, referente al “Proceso y Progreso de la Economía”, donde consideraba cómo las ideas innovadoras en su profesión son recibidas con precaución. Stigler, refiriendo a otro colega nobel de Chicago, señaló:
“Gary Becker ha sugerido que la resistencia sustancial a la aceptación de nuevas ideas por los científicos puede ser explicada mediante dos conceptos económicos familiares. Uno es el concepto de capital humano específico: los académicos ya establecidos poseen un capital valioso bajo su dominio respecto a cierto cuerpo del conocimiento. Este capital se reduciría si este saber se torna obsoleto como consecuencia de la aceptación de una teoría nueva. Por ello, los académicos que ya tienen reputación sólida deben, por su propio interés, atacar las teorías nuevas (…). El segundo concepto es la aversión al riesgo, la cual provoca que los estudiantes jóvenes prefieran dominar las teorías ya existentes en lugar de la búsqueda de teorías radicalmente diferentes. Los científicos innovadores, como cualquier aventurero, probablemente no sean aversos al riesgo, mas, para la masa de académicos en una disciplina, la aversión al riesgo es una base fuerte para el conservadurismo científico”.
Ciertamente, Stigler escapó a esta inercia y, como dijo de él otro nobel, Ronald Coase: “Stigler nunca aborda un tema sin iluminarlo”.
Opinión Independiente
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