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Un líder salva al mundo de la crisis financiera. Carlos Goedder
Diario 2001, 01/12/2008

UN LÍDER SALVA AL MUNDO DE LA CRISIS FINANCIERA
Por: Carlos Goedder
www.cedice.org.ve
www.carlosgoedder.com
carlosurgente@yahoo.es 

El mundo ha estado sacudido por crisis financieras memorables. Probablemente lo será la que estamos viviendo en el presente. Es por ello que conviene recordar lo aprendido en situaciones anteriores de crac financiero. Hace un siglo ocurrió algo semejante. Y también el epicentro estuvo en EUA.
Entre septiembre de 1906 y noviembre de 1907 transcurrió un período de pérdidas importantes en los mercados financieros estadounidenses. El índice del mercado de acciones de Nueva York (NYSE) se derrumbó 37% entre su pico y su mínimo. El punto más álgido de la crisis fue cuando se generó un pánico financiero en el cual cayeron al menos 25 bancos y 17 empresas financieras que funcionaban casi como bancos, los llamados trust . Este pánico consiguió detenerse en 6 semanas gracias a una brillante intervención que es el objeto de este artículo. La inercia causada por esta crisis fue notable: la recesión desatada por el episodio condujo a que hasta inicios de 1910 la economía quedara sin volver al nivel de actividad económica vigente en 1906 .
En 1907 se carecía de banco central en EUA. Los casi 16.000 bancos que había en la época más que duplicaban los existentes en ese país actualmente, reflejando hasta que punto se funcionaba en un mercado atomizado. La gestión de la crisis bancaria tuvo que hacerse desde la economía privada. Quien lideró una salida al pánico financiero fue un banquero de 70 años: John Pierport Morgan (1837-1913) . Para entender la gestión de Morgan es preciso entender qué originó el pánico bancario.
El primer factor fue una importante expansión económica precedente. Parece ser una regularidad que durante períodos de alto crecimiento económico las expectativas tienden a sobrestimar el potencial financiero existente en negocios, proyectos y personas. Siguiendo a Bruner y Carr, “deberíamos estar menos sorprendidos con los pánicos y ‘crashes’ que con los booms, burbujas y manías que les preceden”.
El aliado del crecimiento, que fueron los mercados financieros, presentaban en aquella época dos características que aún siguen siendo su principal virtud durante una expansión y la principal debilidad en tiempos difíciles: la interconexión y la complejidad. La facilidad para hacer transacciones y transferencias entre instituciones bancarias también amplifica el riesgo de contagio cuando las cosas van mal. Por otra parte, si bien para algunos estudiosos los pánicos financieros son eventos aleatorios, se les puede explicar desde una óptica de asimetría en la información: cuando los instrumentos financieros se hacen más complicados y las instituciones financieras menos transparentes, hay participantes que consiguen estar mejor informados y sacar provecho. Cuando se percibe esta desigualdad se pierde la confianza que es el pilar fundamental para el sistema financiero.
Las instituciones financieras también están sujetas a estos problemas sistémicos y su toma de decisiones también puede evaluar mal los riesgos. Durante el pánico de 1907, funcionaban los bancos y en paralelo unas instituciones menos reglamentadas que también aceptaban depósitos del público, los trusts. Un problema importante para los trust es que otorgaban préstamos garantizados con activos financieros o bien tomaban directamente posiciones en el mercado de acciones. Cuando los precios en el mercado financiero se tornan más volátiles y se amplifican los vaivenes en los precios, este tipo de préstamos son los que más sufren. El problema de la valoración sigue siendo una referencia para cualquier pánico financiero: Mientras sea imposible decir cuánto valen las inversiones más complejas existentes en los bancos y demás instituciones financieras, el pánico se mantiene. “Hasta que los precios se estabilizan, los pánicos crediticios no terminarán y las empresas financieras seguirán congeladas. La lección de crisis financieras previas es que mientras más rápido se establecen nuevas valoraciones para activos bancarios y las deudas, más velozmente comienza la recuperación” .
El problema de la liquidez es otro asunto central. La disponibilidad y el acceso al efectivo, a dinero contante y sonante, hace recordar esa máxima de que “el ‘cash’ es rey”. “La liquidez de mercado, o la carencia de ella, es un primer elemento, quizás el primario, para determinar la longitud y severidad de un pánico [financiero]” . El público desconfiaba de los trusts e iniciaron las filas para sacar el dinero.
La inestabilidad financiera también obedecía a un crac en otros mercados distintos al financiero. Hubo la catástrofe natural del terremoto de San Francisco en 1906. Otro problema fue que el Banco de Inglaterra obstaculizó la convertibilidad de instrumentos en dólares estadounidenses. Y a esto se sumaba una mayor intervención estatal en la economía. El presidente Theodore Roosevelt proclamaba una actitud contraria a los grandes conglomerados y corporaciones que había en la época –los tildaba de “malhechores de grandes fortunas” -, propiciando una actitud negativa del público hacia los capitalistas. La incertidumbre jurídica asociada a este enfoque oficial, caracterizado por multas a compañías y trabas a su expansión, pudo ser otro catalizador de la crisis.
Las caídas del Banco Nacional Mercantil de la familia Heinze, tras intentar una fallida adquisición de la compañía United Cooper y luego los retiros masivos por los depositantes del trust Knickerbocker fueron los momentos más duros del pánico financiero. El mérito de Morgan fue reunir en su propio domicilio a los banqueros y responsables de trust y analizar en conjunto qué instituciones financieras eran viables. El proceso se desarrolló entre el 19 de octubre y el 6 de noviembre de 1907. Morgan exigió ver los balances de los banqueros y dueños de trusts en problemas. En el ínterin, consiguió el compromiso de aportar liquidez para mantener el mercado a flote. De hecho, gracias a su capacidad para reunir financiación, Morgan evitó que hasta la propia ciudad de Nueva York quebrase, consiguiendo los fondos para pagar la nómina a sus funcionarios. El liderazgo de Morgan generó una acción colectiva desde el sector privado que salvó las finanzas estadounidenses.

Opinión independiente.

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