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2009: EL AÑO HAYDN. Carlos Goedder
Diario 2001 05/12/2009

2009: EL AÑO HAYDN
Por: Carlos Goedder
www.cedice.org.ve
www.carlosgoedder.com
carlosurgente@yahoo.es 

“El arte es libre y no debe estar limitado por las necesidades del oficio”.
F.J. Haydn
Al Sistema Venezolano de Orquestas Juveniles

El año 2009 anticipa la conmemoración de varios acontecimientos históricos. Sin duda será un año marcado por la aún polémica figura de Charles Darwin. En 2009 se cumple el bicentenario de su nacimiento y el sesquicentenario correspondiente a su publicación El origen de las especies. La música de fondo para 2009, en cualquier caso, corresponderá a otro homenajeado. Se trata de Franz Joseph Haydn, el compositor clásico por antonomasia, “Papá Haydn”, cuya pasión por el equilibrio en la forma musical se corresponde con el orden en la vida propia, al punto que nació y falleció un día 31. Vino al mundo el 31 de marzo de 1732 en Rohrau, Austria y se desencarnó el 31 de mayo de 1809 en Viena.
Haydn tiene el mérito, como dice A. Krantz, de ser “el menos neurótico de los grandes compositores” . Su origen fue humilde, abandonó el hogar familiar con apenas 5 años para ingresar en un coro infantil, siendo expulsado por la agrupación coral en la Catedral vienesa de San Esteban a los quince años, cuando le cambió la voz. Anduvo sin ocupación fija hasta que fue contratado por el conde Ferdinand Maximiliam von Morzin y, tras este disolver la orquesta por problemas financieros, Haydn pasaría al servicio de la familia noble Esterházy como segundo maestro de capilla (1761). En el ínterin, su amada tomó los hábitos y dejó con el corazón roto a Haydn, quien, quizás movido por despecho, contrajo nupcias con Maria Anna Keller, la hermana de su anterior amor. Maria aventajaba al propio compositor en 3 años de edad. El matrimonio, el cual quedó sin la bendición de la descendencia, ha pasado a la historia como un largo infortunio, el cual cesó al enviudar el compositor en 1800. La soledad se incrementó al fallecer los hermanos de Haydn, Johann Evangelist en 1805 y Michael en 1806; por este último, también músico, sentía tanto aprecio el compositor que un réquiem elaborado por Michael, junto al hecho por Mozart, fueron la música que acompañó a Haydn durante su viaje hacia la eternidad en 1809. Salvo por dos visitas de trabajo a Londres en 1791 y 1794, la vida de Haydn transcurre en un ambiente esencialmente monótono, casi claustrofóbico, en el palacio Esterháza, localizado en Eisenstadt, a 48 km de Viena. Alcanzando el rango de primer maestro de capilla en 1766, Haydn servirá hasta jubilarse en 1804 a los distintos sucesores Esterházy en el principado: Paul Anton (1711-1762), Nikolaus (1714-1790), Anton (1738-1794) y Nikolaus II (1765-1833). Con todos estos príncipes Haydn logró entablar una afable y sólida relación, especialmente con Nikolaus, quien interpretaba un antiguo instrumento de cuerda, el baritón o baryton, para el cual Haydn legó una extensa obra. Aún con un salario generoso y la renta vitalicia ligada por Nikolaus, Haydn fue, esencialmente, un sirviente distinguido para sus señores, un “oficial doméstico”.
Sorprende que en esta vida tan tediosa se mantuviesen vivos el buen humor, la elegancia y el encanto trasmitidos a la obra musical. Haydn destaca por conjugar en sus composiciones la música culta y los motivos folclóricos, algo innovador e incluso desagradable para algunos críticos en aquel tiempo. Esta elección muestra la apertura de Haydn a las influencias externas. Fue capaz de congeniar con Mozart (1756-1791), un compositor casi veinticinco años menor, estableciéndose una perdurable admiración e influencia mutuas. En sus viajes a Londres, ya con sesenta años, Haydn retoma el género del oratorio legado por Haendel (1685-1759) e incluso, admirado por el himno inglés, compone un tema en homenaje al emperador austríaco en 1797 -Dios salve al Emperador Francisco- que ha terminado por convertirse en el himno nacional alemán. Haydn nunca cesó de sorprenderse e incorporar novedades. Logró conciliar el rigor en la forma con la audacia experimental, halló expresión en la mesura y añadió tonos alegres a lo aparentemente serio. Haydn dijo de sí mismo: “Mirad mis composiciones y encontraréis a menudo algo de jovial en ellas, puesto que yo soy así: al lado de un pensamiento serio encontraréis otro alegre” . La opinión de un crítico es elocuente: “Es el maestro más simpático y el que más cosas frescas puede ofrecer a quien busque experiencias nuevas, pues sólo suele oírse una pequeña parte de la mucha música que compuso” .
Ese es otro rasgo sorprendente, lo prolífico que fue Haydn en su obra musical. El catálogo más conocido fue elaborado por el musicólogo Anthony von Hoboken (1887-1983), si bien aún falta una cuantificación definitiva. Haydn habría legado 106 sinfonías; 68 cuartetos de cuerda; 32 divertimenti para pequeña orquesta; 126 tríos para baritón, viola y chelo; 29 tríos para piano, violín y violonchelo; 21 tríos para dos violines y chelo; 47 sonatas para piano; cerca de 20 óperas; 14 misas y 6 oratorios . Otras fuentes elevan los cuartetos a 83 y las sonatas a 62. Todo esto sin considerar los conciertos, destacando los de chelo y el de trompeta…
A Haydn se le atribuye la consolidación de dos géneros: el cuarteto y la sinfonía. Los cuartetos de Haydn, inspiración para Mozart, alcanzan esa elaboración mediante la cual se sostiene el “diálogo entre cuatro personas inteligentes” representado por los dos violines, la viola y el chelo. En la sinfonía, si bien hubo aportes previos por la mejor orquesta del Siglo XVIII, la de Mannheim (1743-1777), Haydn fue quien modeló la estructura de cuatro movimientos, dio mayor flexibilidad al tejido instrumental, elaboró el desarrollo musical mediante una suerte de “gemación celular” e incorporó definitivamente figuras como el crescendo y diminuendo orquestales. Beethoven, alumno de Haydn, tomaría el relevo .
El contacto de Haydn con América se dio mediante un visitante ilustre que tuvo el compositor en Eisenstadt durante 1786: Francisco de Miranda (1750-1816). Miranda comentó la visita en su diario y apuntó: “Hablé mucho de música con Haydn”. Sin duda el Precursor de la Independencia Hispanoamericana intuyó la “promesa de felicidad” que hay en la música del austríaco .

Opinión independiente.

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