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Cedice Escribe
Doña baldomera, ingeniosa bandolera. Carlos Goedder
Al compadre Orlando Guédez C., flamante certificado FRM. Diario 2001, 26/01/2009
Doña baldomera, ingeniosa bandolera. Carlos Goedder www.cedice.org.ve www.carlosgoedder.com carlosurgente@yahoo.es
Al compadre Orlando Guédez C., flamante certificado FRM Recientemente se destapó una estafa de 50 mil millones de dólares en EUA correspondiente a Bernard Madoff. Este personaje habría batido el récord en estafas piramidales y la habría perpetrado sobre un selecto club de multimillonarios. Conviene prevenir sobre este tipo de fraude a los más incautos. La estafa piramidal técnicamente se denomina “Juego de Ponzi” por un estafador estadounidense de origen italiano, quien habría aplicado el timo hacia la década de 1920. El esquema del timo funciona esencialmente así: alguien promete unos rendimientos extraordinariamente altos a los potenciales inversionistas o depositantes. Y efectivamente, cumple. ¿Cómo lo logra? Difícilmente existe un instrumento financiero o activo capaz de originar tales resultados. Se cree que el sujeto que los obtiene tiene conocimientos superiores o una fórmula mágica. En realidad el negocio funciona porque continuamente se están reclutando clientes y recursos nuevos, suficientes para cubrir los pagos de intereses a los inversionistas antiguos. Ninguna inversión genera rentabilidad para pagarle a los clientes. Simplemente, el nuevo dinero que el estafador obtiene es suficiente para cumplir los compromisos previos. El esquema comienza a hacer agua cuando se descuadra el equilibrio entre entradas y salidas. Para conseguir nuevos clientes se va teniendo que ofrecer cada vez más rentabilidad o bien ocurre algo que genere una masiva afluencia de clientes a exigir que les devuelvan el dinero. El negocio se queda sin caja y todo el entramado queda al descubierto: simplemente se pagaba deuda vieja con deuda nueva. Para lograr construir una dinámica así los truhanes precisan contar con habilidades para el marketing e irradiar confianza. Mantener el aura misteriosa y dar imagen de filántropo, como hizo Madoff, es esencial. Ahora bien, lejos de ser un invento de Ponzi, la estafa piramidal tiene antecedentes hispanos: una dama del Siglo XIX, Da. Baldomera Larra. D. Francisco Herrera Luque acierta al señalar que “cuando en una familia no hay locos, ni perversos, ni criminales, tampoco hay genios ni naturalezas excepcionales” . Baldomera era nieta de un ilustre médico e hija de un notable escritor español, D. Mariano José de Larra (1809-1837). El hermano de Da. Baldomera fue un actor famoso. En suma, se trató de una dinastía excepcional. La vida de Da. Baldomera se inicia marcada por la tragedia. Su padre se suicidó. En D. Mariano pesaba su desajuste con el autoritarismo político en la España donde vivió. Siguiendo a Rosa Montero, el Sr. Larra, además de ser infortunado en el amor, “estaba apasionadamente comprometido con la causa liberal, o, más bien, con la modernización de España. Todo su trabajo se realizó en tiempos muy difíciles y en constante pugna con el poder” . Huérfana y casi abandonada por la madre, Baldomera consigue que su talento se imponga. Según Carlos Sainz de Robles: “En los boletines del Instituto Español (…) aparece el nombre de Baldomerita con el primer premio de matemáticas” . Se casó con Carlos Montemar, quien hubo de huir a América por problemas políticos., dejándola sola y con hijos a cargo Tantos sinsabores personales le templaron el carácter a la dama. Según la misma fuente, “Desde que cumplió los veinte años, sólo tuvo dos obsesiones: hacerse rica y que la llamaran ‘doña’, con admiración. Y las dos obsesiones se cumplieron con creces”. Según Pedro Voltes, “Al ponérsele enfermo un hijo, Baldomera, espíritu batallador, se vio obligada a pedir dinero a un prestamista, ofreciéndole el ciento por ciento de interés” . En efecto, pidió una onza de oro y devolvió dos. El rumor del milagroso resultado cundió en el vecindario y pronto vino gente dispuesta a prestarle dinero. Inició entonces un negocio que se conoció como “Caja de Imposiciones” o “Banco Popular”. Benito Pérez Galdós (1843-1920) , citado por Voltes, comenta sobre esta contemporánea suya: “Se contaba que en los pueblos vendían las fincas con objeto de hacer imposiciones en el flamante Banco. La genial hacendista, persona muy sugestiva y de fenomenales dotes oratorias, echaba discursos a la plebe, y al darles el primer plazo de los cuantiosos intereses les ofrecía ganancias pingües, colosales. La garantía de tan inaudito negocio, ¿cuál era?...” Ninguna. Todo funcionaba porque Baldomera recibía más dinero del que pagaba en intereses. Hasta que en octubre de 1876 saltaron rumores y empezó a fallar la fórmula. Da. Baldomera mantuvo el tipo y hasta se exhibió públicamente en el teatro la misma noche que preparaba su huída al extranjero. El 4 de diciembre faltó a la oficina y por 18 meses anduvo prófuga en Suiza. La extraditaron a España desde Francia. La hábil dama consiguió un buen abogado: D. Luis Felipe Aguilera. Un periódico a inicios de 1881 señalaba: “Este sostuvo en sus defensas y en su informe que los hechos ejecutados por doña Baldomera Larra, admitiendo los préstamos que gran número de personas le confiaron, no constituían delito, porque careciendo de capacidad legal para contratar y obligarse en atención a ser casada [en aquella época la mujer era jurídicamente dependiente del marido], eran nulos y de ningún valor en derecho los convenios que celebrase, y en su virtud no podía afirmarse en el terreno jurídico que doña Baldomera tuviese acreedores.” En suma, Baldomera carecía de contrato legal que la responsabilizase frente a sus clientes. El Tribunal Supremo la absolvió y el 13 de febrero de 1881 salió de prisión . Galdós, citado por Voltes, concluye irónicamente: “Ved aquí, amigos míos, la mejor muestra de la injusticia del pueblo, que si entregó sus ahorros a la genial banquera, hízolo por ambición canallesca y por su idea estúpida de la multiplicación del vil metal. Yo sostengo que [Baldomera] no engañó más que a los que ya venían engañados y ciegos desde su nacimiento”. En suma, la educación financiera sigue siendo un bien público, indispensable para preservar la libertad ciudadana y a ella debe atender el gobierno, invirtiendo siquiera una fracción de los multimillonarios rescates que está dando a bancos que quisieron jugar al estilo Baldomera. Opinión independiente.
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