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Doña Bárbara: 80 años. Rafael Arráiz Lucca
EL NACIONAL - DOMINGO 25 DE ENERO DE 2009 NACIÓN/13
Nación Doña Bárbara: 80 años RAFAEL ARRÁIZ LUCCA
rafaelarraiz@hotmail.com ________________________________________ E n el colofón de la primera edición de Doña Bárbara puede leerse 15 de febrero de 1929. La editorial Araluce, de Barcelona, la publica a cuenta del autor, ya que según Ramón de Araluce: "Su novela es muy buena, pero usted en España es un desconocido y el libro no lo va a comprar nadie". La segunda edición, de 1930, es de la misma editorial y por cuenta de ella, cuando ya era un hecho que se trataba de un éxito editorial inesperado. Sólo entonces, el maestro Gallegos dejó de afrontar con su bolsillo la edición de su libro. El mismo año se publica por primera vez en Venezuela y lo hace la editorial Élite, de Guruceaga, quien era pariente del novelista. Desde entonces y hasta nuestros días son innumerables las ediciones y las traducciones de la Ópera Magna del gran escritor.
La intrahistoria de la narración es un relato paralelo y asombroso. Gallegos estaba escribiendo una novela ambientada en el llano venezolano que se titularía La casa de los Cedeño, pero que luego trocó por La coronela, y es por ello que se traslada en la Semana Santa de 1927 a San Fernando de Apure, a trabajar in situ. Él mismo relata en el prólogo de la edición de Doña Bárbara, publicada por el Fondo de Cultura Económica de México, en 1954, con motivo de los 25 años de su aparición, de dónde salieron los personajes de su novela. Dice, aludiendo a Pirandello: "A mí se me acercaron los míos en un lugar de la margen derecha de Apure, una tarde de abril". Se los va presentando un señor Rodríguez quien, naturalmente, ignora que eso está haciendo. Aunque nuestro autor no lo dice expresamente, el episodio ha debido ser como una revelación. Tiempo después, Andrés Eloy Blanco llegó a asegurar que el personaje de Doña Bárbara estaba inspirado en Francisca Vásquez de Carrillo y que la imaginación de Gallegos fue bastante más allá de lo que ofrecía esta señora de carne y hueso, de quien expresamente el autor se negó siempre a revelar su identidad. En cualquier caso, lo cierto es que para febrero de 1928 el novelista decide detener la hechura de los primeros pliegos de La coronela en las prensas de Guruceaga porque está insatisfecho con el resultado. Aborta el proyecto, ordena romper lo impreso y se va a Europa con el manuscrito. Su esposa, doña Teotiste, va a operarse una rodilla con un especialista en Italia. Decepcionado con su trabajo, intenta lanzar por la borda las hojas sueltas de su novela fallida, pero doña Teotiste lo persuade de que no lo haga y, finalmente, opta por guardar el cartapacio, en lo que probablemente haya sido una navegación tormentosa. La estadía en Bologna iba a tomar tiempo, ya que la recuperación de la operación de su mujer lo requería. Allí, sin ofuscaciones, se avino con lo que tenía escrito, lo corrigió hasta el cansancio durante los meses bologneses de junio, julio y agosto y se lo llevó a Barcelona concluido. Allí se publicó, como vimos, en febrero de 1929, con el título afortunado con que se reconoce este clásico de la literatura hispanoamericana. Esto que relato he podido hacerlo gracias a los trabajos de Juan Liscano, Efraín Subero y José López Rueda, quienes dedicaron mucho tiempo al estudio de la obra gallegiana. En relación con la novela, propiamente, recuerdo que su lectura me subyugó desde el principio, que de ella salí hacia La trepadora y Canaima, que no había llegado a los veinte cuando las leí, estimulado por el fervor de mi madre y mi abuela, que eran tan gallegianas como fueron luego garcíamarquianas. El 15 de febrero de 2009 es una oportunidad para celebrar la obra clásica de la dicotomía civilización-barbarie, optando por lo primero, naturalmente.
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