|
Cedice Escribe
Pérez Alfonzo, filósofo petrolero venezolano. Carlos Goedder
“El petróleo es nuestro. Lo demás lo importamos”. DIario 2001 02/02/09
Pérez Alfonzo, filósofo petrolero venezolano Por: Carlos Goedder www.cedice.org.ve www.carlosgoedder.com carlosurgente@yahoo.es
“El petróleo es nuestro. Lo demás lo importamos” La biografía de Juan Pablo Pérez Alfonzo (1903-1979) recientemente publicada por Eduardo Mayobre en la “Biblioteca Biográfica Venezolana” habría de reactivar un debate fundamental olvidado por la política partidista: ¿Qué significa y debe significar el petróleo para la vida social venezolana? Vengan adecos, vengan chavistas, vengan sus opositores o vengan extraterrestres a asumir el gobierno venezolano, se perpetuará la distorsión que introduce el petróleo. Para quien pretenda actuar como estadista en Venezuela es preciso encarar frontalmente la política petrolera. La diferencia entre el político y el estadista es que este último cuenta con una visión de largo plazo y pretende alcanzar la virtud tanto pública como privada mediante el ejercicio del poder. Contando con solidez fáctica y con elaboración razonada, el estadista venezolano debe decidir qué hacer con el petróleo y cómo transformarlo en prosperidad compartida, conjugando tanto eficiencia como equidad. La última vez que los políticos abordaron lo petrolero con visión de estadistas fue durante el mandato de Rómulo Betancourt (entre 1959 y 1964). Y ello se debe en gran medida al trabajo que este hizo en conjunto con Pérez Alfonzo. De allí el atractivo de releer, dejando a un lado los preconceptos partidistas, a esos personajes. La síntesis de su pensamiento estaría en la obra Venezuela Política y Petróleo (1955) de Betancourt. Ningún líder político venezolano, desde entonces, ha publicado una obra influyente de filosofía petrolera. En su biografía de Betancourt, Manuel Caballero opina que “Pérez Alfonzo tuvo siempre el cuidado de poner el acento sobre eso: la paternidad de la política petrolera venezolana no era suya sino de Betancourt”. Puede que sea cierto, mas seguramente Betancourt incorporó ideas de Pérez Alfonzo. Y quizás sea el título precisamente de un libro escrito por Pérez Alfonzo el que mejor resume cómo ambos leían el problema petrolero; se trata de una publicación hecha en 1976: Hundiéndonos en el excremento del diablo. Siguiendo a Mayobre: “Dentro de la concepción de Pérez Alfonzo, particularmente en su última época, juega un papel importante la idea de que los venezolanos no tenían suficiente capacidad para invertir los ingresos que recibían, debido a su atraso educacional”. El Siglo XX empieza en Venezuela con la industria petrolera. Es este factor el que marca la divisoria entre la vida rural y la urbana, entre la dictadura y la democracia; el petróleo rescata a Venezuela para la historia universal. Ahora bien, la pregunta es hasta qué punto realmente la mentalidad individual y colectiva venezolana se modificó con este petróleo. Ciertamente, nadie preparó a Venezuela para la riqueza petrolera. Los políticos que fundaron la democracia tenían ese problema en la cabeza. Eran conscientes del peligro que representaba para la sociedad venezolana el divorcio entre riqueza y esfuerzo. En cierta medida, Pérez Alfonzo creía que la suerte venezolana podía terminar siendo la de un débil mental que se gana la lotería. Mayobre señala: “Pérez Alfonzo consideraba que un caudal de ingresos que no se podía invertir productivamente constituía una distorsión en las relaciones sociales y significaba una desgracia y no una bendición, en la medida en que dispensaba a los miembros de la sociedad del esfuerzo de producir su propio bienestar”. El propio Pérez Alfonzo es elocuente: “Mientras tengamos ese tipo de gente dominada, desnutrida, mantenida en los más ínfimos niveles de cultura y conciencia, a la que no han dejado prepararse, serán más fáciles de esclavizar…” Esa esclavitud tenía una primera faceta urgente, que era la dominación extranjera sobre la industria del petróleo. La política petrolera realizada entre 1945 y 1976 va orientada a conseguir la libertad petrolera entendida como independencia de las empresas petroleras transnacionales. Evitar que se sojuzgara colonialmente a Venezuela mediante el enclave petrolero fue un asunto que se resolvió cuando la industria pasó a manos estatales. Ahora bien, Pérez Alfonzo temía dejar el petróleo en manos venezolanas. La solución para evitar caer en una paradoja era razonar así: lejos de sembrar el petróleo, lo que se debe hacer es diferir al máximo su producción, entendiéndolo como recurso “no renovable”. Luego, quitando la industria petrolera de manos foráneas, se conseguía evitar la explotación indiscriminada del petróleo. En manos patrias, la clave política sería mantenerse por debajo de la plena producción: “El petróleo dejado de producir no es petróleo perdido, tanto porque permanece en la tierra disponible para futuras necesidades como porque su tendencia secular a la revalorización lo hará más codiciado”. Implícitamente, Pérez Alfonzo quiere proteger el petróleo de los venezolanos; cree hacerlo dando “tiempo al tiempo”: una sociedad más educada e industrializada será capaz de aprovechar la riqueza petrolera y la tendencia es a que el producto se agote, así que en un futuro esperanzador se tendrá a la Venezuela más apta para usar un petróleo que tendrá los precios históricamente más elevados. Sobre tales fundamentos se construyó el “pentágono petrolero” de Pérez Alfonzo, el cual fue su guía en la actuación como Ministro: 1. Política de no más concesiones para las transnacionales. 2. Participación razonable del Estado en los ingresos petroleros. 3. Conservación del petróleo. 4. Control por parte de los venezolanos de la producción petrolera y mayor industrialización del petróleo en el país. 5. Precios Justos. Y en este capítulo está la OPEP, de la cual Pérez Alfonzo fue cofundador en 1960. El enfoque de restringir la producción imperó en la política petrolera venezolana entre 1973, cuando se producían 3,37 millones de barriles diarios y 1989, cuando la media diaria había caído a 1,70 millones de barriles. Mal que bien, se siguió el enfoque de Pérez Alfonzo. Si los resultados sociales han sido tan pobres, entonces el desafío es plantear una política petrolera que introduzca a Venezuela en el Siglo XXI. Opinión independiente.
Regresar |
|
|