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Las instituciones de la Revolución Francesa. Carlos Goedder
Diario 2001 15/06/09

Por: Carlos Goedder

www.cedice.org.ve

www.carlosgoedder.com

carlosurgente@yahoo.es

 

Al brillante profesor Jesús Gilberto Andonegui

 

El 14 de Julio se cumplirán 220 años de la Revolución Francesa. Un artículo reciente[1] estudia el efecto de esta ruptura histórica sobre las instituciones de las naciones que fueron invadidas por la Francia Revolucionaria.

Tras 1792 los franceses iniciaron una guerra defensiva contras las potencias monárquicas y gradualmente, tras obtener éxitos militares, procedieron a anexarse territorios, bajo la premisa de las “fronteras naturales”. Con Napoleón la expansión francesa alcanzó su cénit. La caída del Imperio en 1815 marcó el cese de la ocupación francesa, la cual alcanzó casi dos décadas. La presencia francesa se extendió entre 1794 y 1814 en Bélgica y desde 1795 hasta 1813 en Holanda. También abarcó territorios  que aún estaban sin unificar políticamente: la  presencia en suelo italiano se extendió desde 1797 hasta 1814 y en tierra alemana la región de la Renania fue donde la ocupación francesa tuvo mayor duración, entre 1795 y 1814. El efecto institucional tuvo una vigencia a mayor plazo en todos estos lugares.

La experiencia francesa constituye un caso de estudio sobre el efecto que tienen las instituciones impuestas externamente. El modelo anglosajón, al cual somos más afines los liberales, suele preferir la evolución gradual a las revoluciones. Mas en algunos casos las revoluciones pueden tener efectos sociales benéficos a largo plazo. Ello depende de los principios que promulguen. En el caso de la francesa hubo un compromiso con reformas favorables a las libertades sociales y económicas, lo cual sentó las bases para la posterior Revolución Industrial en Europa Continental. Siguiendo el estudio publicado recientemente:

“Muchos de los cambios institucionales más radicales fueron emprendidos durante la invasión de las tropas de la Francia Revolucionaria. Esto incluyó la abolición de todos los vestigios remanente de la servidumbre y las relaciones casi feudales existentes en el campo, el dominio del clero sobre el poder económico y político, el dominio de los gremios sobre las áreas urbanas y cambios legales estableciendo la igualdad ante la ley”.

Otra innovación importante fue el Código Napoleónico. La tradición jurídica anglosajona del derecho consuetudinario o common law da preeminencia a las prácticas legales que se han establecido por la costumbre y quienes se apegan a tal perspectiva miran con recelo las imposiciones legales como el derecho codificado. Ahora bien, la Revolución Francesa ejemplifica un caso en el cual la posible arrogancia de establecer un cuerpo legal que rija la vida social puede traer resultados favorables cuando sintonizan una filosofía liberal y una sociedad donde hay sed por mayores libertades. Siguiendo una biografía de Napoleón[2]:

Puede decirse que el Código Civil, promulgado en 1804, representó el auténtico pilar del sistema, además de la principal expresión de la obra legislativa de Napoleón. En efecto, el Código expresa verdaderamente la naturaleza y la función histórica del régimen napoleónico, en virtud de su capacidad para llevar al concreto terreno jurídico los principios fundamentales de la Revolución: el fin de todo privilegio y la igualdad de todos ante la ley, laicismo del Estado y libertad de conciencia, libertad personal y libertad económica. En todos los países en que se aplicó contribuyó a disgregar las instituciones del Antiguo Régimen y sentó las bases para el advenimiento del nuevo modelo social salido de la Revolución”.

Otra de las instituciones jurídicas interesantes de la Revolución fueron los juzgados comerciales. Un ejemplo es la región de la Renania, donde, desde 1794, fueron establecidos estos foros para resolver legalmente las cuestiones de negocios.

Ahora bien, el carácter militarista que acompañó a estas mejores legales pudo retrasar el efecto benéfico. Hubo mucha expoliación y saqueo con la ocupación francesa. Cuando realmente se materializa el efecto favorable de las instituciones francesas es a largo plazo, en la segunda mitad del Siglo XIX:

En su estudio estadístico, Acemoglou y los otros autores del estudio sobre la Revolución Francesa encuentran que en las regiones donde hubo invasión francesa y napoleónica existiría evidencia de mayor urbanización. Esta urbanización está definida como el porcentaje de personas que residía en ciudades con más de 5.000 habitantes y al estudiar su evolución desde 1700 hasta 1900 mediante estudios econométricos, se obtienen coeficientes positivos estadísticamente significativos para la ocupación francesa y napoleónica. La urbanización es considerada por los estudiosos como la mejor aproximación a la evolución del PIB per cápita; el incremento de la vida urbana va asociado a mayor crecimiento económico, propio de la industrialización. En zonas ocupadas por Francia, para 1900, la urbanización supera hasta en 10 puntos porcentuales a otras regiones. El estudio incluye 41 divisiones políticas, donde hay 21 Estados actualmente existentes, 8 regiones actualmente alemanas y 12 Estados Italianos previos a la unificación. Los resultados se pueden resumir como hacen los propios autores, tras contrastar varios modelos econométricos:

“Concluimos, en línea con nuestros resultados de la sección anterior, que no hay evidencia de un impacto negativo de la Revolución Francesa; por el contrario, hay evidencia considerable indicando que las áreas ocupadas por los franceses crecieron considerablemente más rápido en la segunda mitad del Siglo XIX”.

Si bien estos resultados sirven para mirar con menos recelo los procesos revolucionarios, quizás lo único rescatable de los mismos sean aquellas reformas que favorezcan la libertad. Por el contrario, las facetas destructivas de estos procesos también pueden tener efectos perdurables. Una biografía de Napoleón alerta:

“Ninguno de los dictadores del trágico Siglo XX – desde Lenin, Stalin y Mao Zedong, hasta tiranos pigmeos como Kim Il-Sung, Castro, Perón, Mengistu, Saddam Hussein, Ceausescu y Kadhafi – dejó de exhibir trazos específicos del prototipo napoleónico”[3].

 

 

Opinión independiente.

 



[1] ACEMOGLU, Daron, Davide Cantoni, Simon Johnson y James A. Robinson. The consequences of radical reform: the French Revolution. NBER Working Paper Series No. 14831. La referencia en Internet es http://www.nber.org/papers/w14831.

[2] CRISCUOLO, Vittorio. Napoleón. Traducción de Ángel Sánchez-Gijón. Alianza Editorial, 2000.

[3] JOHNSON, Paul. Napoleão. Traducción al portugués de S. Duarte. Objetiva, 2002.

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